Según el doctor Yuri Silva Portela, especialista con estudios de posgrado en geriatría, el cuidado de la población mayor está experimentando transformaciones impulsadas por el desarrollo de tecnologías que prometen facilitar las actividades cotidianas y ampliar las posibilidades de seguimiento de la salud. Los robots asistenciales, los sensores inteligentes y los sistemas automatizados comienzan a desempeñar funciones relacionadas con la seguridad, la movilidad y la organización de determinadas tareas.
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¿Qué tareas podrán asumir las máquinas en el cuidado?
La robótica asistencial reúne tecnologías desarrolladas para ayudar a personas con limitaciones físicas o dificultades para realizar actividades cotidianas. Algunos equipos pueden ofrecer apoyo a la movilidad, mientras que los sistemas automatizados permiten programar recordatorios para tomar medicamentos, identificar movimientos inusuales y facilitar la comunicación con los familiares. Sin embargo, estas soluciones presentan diferentes niveles de desarrollo y disponibilidad.
Un ejemplo son los sensores instalados en los hogares para supervisar los patrones de actividad. Cuando detectan cambios significativos, determinados sistemas pueden enviar notificaciones a los responsables. Otros dispositivos utilizan comandos de voz para facilitar tareas, como realizar llamadas o controlar los equipos domésticos, reduciendo la necesidad de desplazamientos frecuentes.
Desde la perspectiva de la geriatría, campo en el que trabaja el doctor Yuri Silva Portela, estas herramientas pueden contribuir a preservar la capacidad funcional. Sin embargo, la utilidad de cada tecnología depende de las necesidades individuales, las condiciones de la vivienda y la facilidad de uso. Un equipo sofisticado no representa necesariamente una solución adecuada para todas las personas mayores.

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Aunque los sistemas automatizados pueden ejecutar tareas específicas, el cuidado implica situaciones que requieren interpretación, sensibilidad y adaptación constante. Un cuidador puede percibir cambios en la expresión facial, identificar molestias durante una conversación o reconocer alteraciones emocionales que no aparecen claramente en los registros de los dispositivos electrónicos.
Además, determinadas actividades requieren contacto físico y una evaluación continua del estado del paciente. Ayudar con la alimentación, realizar tareas de higiene y facilitar los traslados entre la cama y la silla son ejemplos de actividades que pueden implicar riesgos si se llevan a cabo de manera inadecuada. A pesar de los avances en robótica, la sustitución completa de la asistencia humana sigue estando lejos de las aplicaciones disponibles, señala el doctor Yuri Silva Portela.
¿Cómo podrá la tecnología transformar la rutina familiar?
El envejecimiento de la población aumenta la demanda de cuidados prolongados, mientras que los cambios en la composición de las familias pueden reducir la disponibilidad de personas para brindar asistencia presencial. En este contexto, las herramientas tecnológicas pueden ayudar a organizar las responsabilidades, especialmente cuando los familiares necesitan compaginar el trabajo, los compromisos personales y el acompañamiento de sus parientes mayores. Las aplicaciones de comunicación, los recordatorios automatizados y los sistemas de seguimiento remoto pueden facilitar el reparto de tareas entre los responsables, contribuyendo a una rutina de cuidados más organizada y previsible.
Los dispositivos de monitorización, por ejemplo, pueden permitir que los responsables reciban alertas sobre determinadas situaciones sin necesidad de permanecer constantemente en el mismo entorno. Sin embargo, la instalación de estos equipos debe tener en cuenta el consentimiento de la persona mayor y los límites de su privacidad. La posibilidad de supervisar a alguien a distancia no significa que exista autorización para controlar todos los aspectos de su rutina. Por ello, es importante establecer previamente qué información se compartirá, quién podrá acceder a ella y en qué circunstancias será necesario realizar el seguimiento.
Para el doctor Yuri Silva Portela, cuya formación contempla las particularidades del envejecimiento, este debate también implica reconocer la importancia de preservar la autonomía. Una persona puede necesitar ayuda para determinadas actividades y seguir siendo capaz de tomar decisiones sobre su propia vida. Por tanto, el uso de tecnologías debe favorecer la participación de la persona mayor, evitando que la búsqueda de seguridad dé lugar a restricciones innecesarias. La elección de los equipos y la definición de las formas de seguimiento deben tener en cuenta sus preferencias, capacidades y necesidades reales, de modo que la asistencia tecnológica funcione como un apoyo y no como un instrumento de control.

