El arancel impuesto por Washington entra en vigor este 22 de julio y el gobierno brasileño ya anunció un paquete de medidas para proteger a los exportadores.
A partir de este miércoles, los productos brasileños que llegan a Estados Unidos enfrentan un arancel adicional del 25%, una medida anunciada por el gobierno de Donald Trump que llega en un momento delicado para la economía y la política de Brasil. La decisión afecta directamente a sectores como el acero, la industria de alimentos y otros bienes de exportación, y genera dudas entre empresarios, trabajadores y consumidores sobre cómo se van a acomodar los precios y el empleo en los próximos meses. El gobierno brasileño, por su parte, ya puso en marcha un conjunto de acciones para amortiguar el golpe, desde apoyo a exportadores hasta líneas de crédito específicas. En este artículo explicamos qué establece exactamente la medida estadounidense, cuáles son las respuestas oficiales de Brasil y qué se puede esperar de aquí en adelante, tanto en el plano económico como en el electoral, ya que el país se acerca a las elecciones presidenciales de octubre.
Qué establece el nuevo arancel de Estados Unidos
El arancel del 25% fue confirmado para entrar en vigor este 22 de julio de 2026, luego de meses de tensión comercial entre Brasilia y Washington. La medida se suma a un historial de fricciones que comenzó en 2025, cuando la administración estadounidense llegó a amenazar con un gravamen del 50% sobre la totalidad de los productos brasileños, alegando entre otras razones el proceso judicial contra el expresidente Jair Bolsonaro. Con el paso de los meses, ese porcentaje inicial fue negociado y ajustado, pero la relación comercial entre ambos países se mantuvo bajo presión constante.
El nuevo esquema arancelario impacta de manera desigual a los distintos sectores de la economía brasileña. Algunos productos estratégicos, como el jugo de naranja, el hierro fundido, los metales preciosos y ciertos insumos energéticos, habían recibido exenciones parciales en rondas anteriores de negociación, aunque no está garantizado que esas excepciones se mantengan bajo las nuevas reglas. El sector siderúrgico, que exporta varios millones de toneladas de acero a Estados Unidos cada año, es uno de los más expuestos, junto con la industria de calzados y algunos segmentos del agronegocio.
Para el ciudadano común, la pregunta más frecuente es si esta disputa comercial va a encarecer los productos en el mercado interno o si solo afecta a las exportaciones. Según explican especialistas en comercio exterior consultados por medios brasileños, el efecto inmediato tiende a concentrarse en las empresas exportadoras y en el empleo de las regiones más dependientes de esas ventas, aunque un debilitamiento prolongado del sector externo puede terminar repercutiendo en el tipo de cambio y, de forma indirecta, en la inflación local.
El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha insistido en que buscará el diálogo antes que la confrontación, aunque también dejó abierta la puerta a medidas de reciprocidad si la situación se agrava. El canciller Mauro Vieira reiteró en declaraciones a la prensa que Brasil documentó y refutó ante las autoridades estadounidenses buena parte de los argumentos usados para justificar el arancel, aunque hasta el momento eso no impidió que la medida avanzara.
Cómo respondió el gobierno brasileño
Entre el 13 y el 17 de julio, el gobierno federal anunció un paquete de acciones destinado a mitigar el impacto del nuevo arancel sobre los sectores más golpeados. La agencia de promoción de exportaciones, ApexBrasil, presentó un nuevo programa de apoyo a las empresas exportadoras, con líneas de asistencia técnica y financiera para quienes necesiten reorientar sus ventas hacia otros mercados. Según el balance oficial, las medidas tomadas durante el arancel anterior ya habían permitido a Brasil compensar buena parte de las pérdidas ampliando el comercio con otros destinos.
Los datos económicos que el propio gobierno difundió como parte de esta respuesta muestran que el sector de servicios acumuló un crecimiento del 1,9% entre enero y mayo de este año, y que la producción de granos podría alcanzar 360 millones de toneladas en la temporada 2025 y 2026. Con estas cifras, las autoridades buscan transmitir la idea de que la economía brasileña tiene margen para resistir el nuevo embate arancelario sin entrar en una recesión abrupta.
El presidente Lula, en un tono más político, responsabilizó públicamente al propio expresidente Bolsonaro y a su familia por buena parte de la tensión con Washington, argumentando que las gestiones de allegados a Bolsonaro ante el gobierno estadounidense contribuyeron a agravar la disputa. Esta lectura política del conflicto comercial se volvió un punto central del debate público en Brasil, ya que mezcla la discusión económica con la carrera electoral rumbo a octubre.
Mientras tanto, el ministerio de Relaciones Exteriores mantiene canales abiertos de negociación con la administración estadounidense, aunque sin plazos claros para una resolución definitiva. Analistas económicos remarcan que, a diferencia de otros países que mantienen superávit comercial con Estados Unidos, Brasil registra déficit en ese intercambio, lo que añade un elemento poco habitual a la justificación del arancel y complica los argumentos de Washington para sostenerlo en el tiempo.
Qué impacto puede tener en la economía y en las elecciones de 2026
El momento en que se aplica el arancel no es casual desde el punto de vista político. Brasil se encuentra en la recta final antes de las elecciones presidenciales de octubre, y la crisis comercial con Estados Unidos ya se transformó en un tema de campaña. Algunos analistas señalan que el discurso nacionalista puede fortalecer al gobierno de turno si logra mostrar resultados concretos frente a la presión externa, mientras que otros advierten que el desgaste económico también puede favorecer a la oposición si los precios y el empleo se resienten en los próximos meses.
Entre los precandidatos que buscan capitalizar el momento aparece Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, posicionado como una alternativa de derecha frente al gobierno actual. La forma en que ambos sectores políticos aborden la disputa arancelaria, ya sea acusando al otro de haber provocado la crisis o mostrando capacidad de gestión frente a ella, será uno de los ejes de la campaña en los próximos meses.
En el plano estrictamente económico, los indicadores hasta ahora se mantienen relativamente estables, con crecimiento en servicios y una cosecha agrícola robusta que ayuda a sostener las exportaciones hacia otros mercados. Sin embargo, el sector siderúrgico y otras industrias con fuerte dependencia del mercado estadounidense podrían necesitar apoyo adicional si el arancel se prolonga más allá de los próximos meses, algo que dependerá en gran medida de cómo evolucione la relación diplomática entre ambos gobiernos.
Para el consumidor brasileño, la recomendación de los especialistas es seguir de cerca la evolución del tipo de cambio y de la inflación en los próximos boletines del Banco Central, ya que ahí se podrá medir con mayor precisión si el impacto del arancel llega a trasladarse a los precios internos o si queda contenido en el plano de las exportaciones.
Lo que queda claro, más allá de las diferencias políticas, es que la relación comercial entre Brasil y Estados Unidos entró en una etapa de fricción prolongada, con consecuencias que todavía están por definirse del todo. El desenlace de esta disputa, y la forma en que el gobierno logre sostener el diálogo sin ceder terreno económico, marcará buena parte de la agenda pública brasileña durante el segundo semestre de 2026, justo en el tramo decisivo antes de las urnas de octubre.
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