De acuerdo con la profesional que trabaja en el apoyo a mujeres y familias en situación de vulnerabilidad, Taiza Tosatt Eleoterio, el stalking digital es la práctica de vigilar el comportamiento de otra persona mediante aplicaciones, redes sociales y otros recursos tecnológicos, generalmente sin un consentimiento claro o continuo. Puede comenzar con una solicitud puntual de ubicación y evolucionar, poco a poco, hacia una exigencia constante de rendir cuentas.
Además, este tipo de vigilancia rara vez aparece de forma abrupta: se instala gradualmente, disfrazada de interés o cuidado, hasta convertirse en una rutina dentro de la relación. Por ello, comprender este proceso es el primer paso para reconocer señales que muchas veces pasan desapercibidas para quienes están directamente involucrados. En los siguientes párrafos, detallaremos cómo este monitoreo funciona como una herramienta de control y por qué está directamente relacionado con las relaciones abusivas.
¿Qué caracteriza al stalking digital dentro de una relación?
Dentro de una relación, el stalking digital se manifiesta cuando uno de los miembros de la pareja comienza a exigir acceso irrestricto a mensajes, ubicación en tiempo real y contraseñas de redes sociales. Dicho esto, la principal característica de esta práctica es la asimetría: una persona vigila mientras la otra es vigilada, sin que exista una reciprocidad real en la relación. Esta desigualdad de poder se diferencia de una curiosidad puntual y puede indicar un patrón continuo de control.
Esta vigilancia suele justificarse mediante discursos relacionados con la confianza o la protección, lo que dificulta que la persona monitoreada reconozca el problema. De este modo, la víctima tiende a normalizar solicitudes invasivas porque llegan envueltas en afecto, lo que retrasa la percepción de que existe, en realidad, un intento de control, como destaca Taiza Tosatt Eleoterio.
¿Cómo se convierten las aplicaciones y las redes sociales en herramientas de control?
Diversos recursos creados para facilitar la comunicación terminan siendo utilizados de manera distorsionada dentro de relaciones abusivas. Taiza Tosatt Eleoterio explica que compartir la ubicación, visualizar el estado en línea y revisar el historial de «me gusta» pueden convertirse en instrumentos de vigilancia cuando se exigen de manera unilateral y constante. Teniendo esto en cuenta, entre los comportamientos más comunes se encuentran:
- Exigir el uso permanente de la función de compartir ubicación mediante aplicaciones de mapas o redes sociales;
- Exigir explicaciones inmediatas sobre quién dio «me gusta» o comentó una publicación;
- Solicitar acceso a conversaciones privadas en aplicaciones de mensajería;
- Vigilar los horarios de conexión para cuestionar ausencias o silencios;
- Crear perfiles falsos para observar interacciones sin que la persona lo sepa.
Estos comportamientos, cuando se combinan, generan una sensación constante de estar siendo observado, lo que modifica el comportamiento de la víctima incluso fuera del entorno digital. Al final, el efecto práctico es la autocensura: la persona monitoreada comienza a evitar publicaciones, conversaciones y encuentros para no generar conflictos.
¿Por qué el monitoreo excesivo se disfraza de cuidado?
El control digital difícilmente se presenta como control. Como profesional que trabaja en el apoyo a mujeres y familias en situación de vulnerabilidad, Taiza Tosatt Eleoterio señala que suele aparecer disfrazado de preocupación, lo que dificulta su identificación tanto para quien lo sufre como para quienes observan la relación desde fuera. De esta manera, frases como «solo quiero saber que estás bien» pueden ocultar exigencias que, en la práctica, restringen la autonomía de la otra persona.
Esta confusión entre cuidado y control es uno de los factores que más retrasan la búsqueda de ayuda en las relaciones abusivas, ya que la víctima puede llegar a dudar de su propia percepción. Por lo tanto, reconocer que el amor no exige vigilancia es un ejercicio necesario para romper este patrón.
La vigilancia no es una prueba de amor, es una señal de alerta
Identificar el stalking digital como parte de un patrón abusivo, y no como una muestra de afecto, cambia la manera en que la persona monitoreada afronta su propia relación. A partir de este reconocimiento, es posible establecer límites claros, buscar apoyo de terceros y, cuando sea necesario, solicitar ayuda profesional especializada en violencia psicológica.
Además, romper este ciclo rara vez depende únicamente de la fuerza de voluntad individual, ya que implica deconstruir creencias sobre lo que sería una demostración legítima de afecto. Por ello, las conversaciones con profesionales de la salud mental y, en casos más graves, la orientación jurídica pueden ayudar a transformar la percepción del problema en una acción concreta.

